Como los filósofos chinos nos ayudan a transformarnos

Los filósofos clásicos chinos no eran unos tradicionales rígidos y no predicaban una coexistencia armoniosa con el mundo natural.
Al revés, eran pensadores apasionados y radicales que se enfrentaban a las convenciones sociales. Tenían una filosofía pragmática. Decían que el gran cambio llega solo cuando se empieza con lo cotidiano.
¿Pero qué alternativas nos dan los filósofos chinos a nuestra forma de pensar?

a) Acabar de buscar tu mismo
¿Existe un verdadero ser? Hay múltiples seres, desordenados seres que se desarrollan, mirando hacia el exterior, y no hacia el interior. Nuestras personalidades se forman a través de todo lo que hacemos: la manera de interaccionar con los otros, nuestras reacciones a las cosas, etc. Cada encuentro que hacemos saca aspectos diferentes de nosotros. Según como hablas con tu madre con un vecino, el doctor o un buen amigo. El cómo somos está constituido de modelos de comportamiento y etapas emocionales que con el pasar del tiempo han determinado nuestro ser. Pero esto quiere decir también que tenemos muchas posibilidades para cambiar.

b) Ser inauténtico
Cuando encontramos nuestro ser, tenemos que ser fiel a nosotros mismos. Aunque el primer gran filosofo de la tradición china, Confucio, nacido en el VI siglo a.C., pensó de manera diferente. El problema con la autenticidad, decía, no es librarla, no es el modo con la cual nosotros creemos que sea. ¿Quién es aquel autentico ser que tú crees haber descubierto de verdad? Se trata de una foto de ti mismo en este momento del tiempo. Si te quedas fiel a aquel ser permitiendo que llegue a ser tu guía, te limitará. No permitirá el crecimiento que nace cuando tú reconoces que estás en continua evolución.
Podremos prosperar cuando reconocemos nuestra complejidad y aprendemos como trabajar con ella a través de la auto-cultivación. La mayoría de las etiquetas son modelos de comportamiento donde hemos caído y que podemos romper.
No somos solo quien pensamos ser, podemos trabajar para llegar a ser personas siempre mejores.

c) Ver el mundo caprichoso
Como siempre hemos considerado el ser como estable, también vemos el mundo como estable. Lógicamente nos damos cuenta que la vida puede cambiar, pero al mismo tiempo se tiende a proceder según la visión que el mundo puede prever y que nosotros tendríamos que adentrarnos. Si nos vemos como buenos en matemáticas, se continúa en la carrera académica correspondiente.
Mencio, un estudioso de Confucio que vivió durante el IV siglo a.C., vio el mundo como fragmentado y caprichoso. Hubiera aconsejado trabajar con los cambios y las desviaciones, conversaciones casuales, experiencias e interacciones que alimentan una vida expansiva. En lugar de hacer proyectos por nuestra vida, tendríamos que poner trayectos en movimiento.

d) Acabar de decidir
¿Qué hay de errado en un proyecto de vida? Cuando se planifica nuestra vida, se toman elecciones para un futuro que se basa sobre la persona que eres ahora, no sobre la persona que serás.
La manera Menciana sería aquella de acercarse a lo pequeño y lo factible. Cuando se está pensando en un cambio de trabajo, por ejemplo, o una ruptura, tu elección será más fácil si se intentan nuevas experiencias en pequeña escala. Tened cuidado con vuestras respuestas a estas experiencias porque os conducirán hacia nuevas direcciones.

e) Débil
Otra hipótesis popular es que el potente gana. Nos han dicho que hay que estar fuertes y asertivos sobre lo que queremos. Aunque Laozi, en el Tao Te Ching (probablemente del IV siglo a.C.), afirma el poder de la debilidad sobre la fuerza evidente. La gente a menudo piensa que esto significa que tendríamos que armonizarnos con la naturaleza. Pero la pasividad no es lo que se entiende. Dice que deberíamos ver cada cosa en el mundo conectada en vez de dividida y distinta, la manera de poder usar la comprensión de todas aquellas conexiones para estar en sintonía con todos.
En lugar de coger directamente el poder sobre las personas, intenta modificar sutilmente las situaciones, de manera que tú puedas guiar a los otros, pero sin dejar de percibir que les estas dominando.

f) No jugar sobre nuestros puntos de fuerza
Siempre nos han estimulado a descubrir nuestros dones y puntos de fuerza y de afinarlos desde la juventud. Si eres deportista, te has escrito a un equipo de futbol; si desde cuando eras pequeño leías mucho, después te inscribiste en una carrera de humanidades. Has cultivado estas inclinaciones naturales hasta que llegasen a ser parte de tu identidad. Nuestros filósofos nos animan a enfocarnos no sobre lo que piensas ser, al fin de romper tus prejuicios.
Si piensas que eres torpe, eliges la danza. Si no se te dan bien los idiomas, eliges el francés. El fin no es hacer conectar uno mismo a estas cosas, pero sí de vivir nuestra vida como una serie de rupturas, porque esto te cambia en el tiempo.

g) Repensar el tradicional y el moderno
La creencia contemporánea es que hemos roto deliberadamente con un mundo tradicional represivo y vivimos nuestra vida como queremos. Pero definimos un mundo tradicional como aquel mundo donde los seres humanos aceptan pasivamente la manera de ser de las cosas e intentan fijarlas establemente, en un orden preexistente, entonces nosotros somos tradicionales. Las creencias de que tenemos por ser “reales” limitan nuestras más grandes posibilidades. Si pensáis trazar un plano prefecto de vuestra vida, habéis perdido el camino. En cambio, reconocemos que somos criaturas complejas, constantemente arrojadas en diferentes caminos, y que es a través del trabajo sobre nuestras interacciones, experiencias, y respuestas, que crecemos. Son las pequeñas acciones mediante las cuales nos comportamos, que cuentan más en la transformación de uno mismo y del mundo, para mejor.
Articulo en parte traducido del Guardian

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